Siento el odio rompiéndome por las venas.
Es la rabia que pudre mi ser.
Me atormenta y advierto cómo quema.
Si pudiera desaparecer…
El cristal hizo surcos en la madera,
ya es común, no es la primera vez.
Puñaladas a Dios calman mi marea,
desgarrando en la herida otra vez.
Quisiera poder acunar
la angustia de tu corazón,
secar de tus ojos la soledad,
calmar tu dolor.
El veneno en tu sangre es como la hiedra,
corrompiendo el sentido y mi fe.
Es cobarde, capaz de lanzar la piedra
para luego la mano esconder.
En tu pecho las llagas, granos de arena,
no se cierra el estigma en tu piel.
Si supieras que vivo para que entiendas
que aun marchita puedes florecer.
Quisiera poder acunar
la angustia de tu corazón,
secar de tus ojos la soledad,
calmar tu dolor.
Quisiera poder acunar
la angustia de tu corazón,
secar de tus ojos la soledad,
calmar tu dolor.

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